ARTE TEXTIL
GRANDES PREMIOS DEL SALON NACIONAL 1978 - 2008
1 de abril al 26 de abril 2009
 
Matilde Algamiz
…y muy cerca la húmeda espesura, técnica mixta 180 x 280 x 84 cm.
Salón Nacional de Arte Textil 1992
Beatriz Bongliani
Creación ritual de la vida, técnica personal y gasa, 190 x 160 cm.
Salón Nacional de Arte Textil 1990
Carola Segura
Vía Crucis, técnica mixta, 230 x 300 x 600 cm.
Salón Nacional de Arte Textil 1994
Gracia Cutuli
Componga un vuelo de gaviotas, tapiz combinable, telar alto liso, 250 x 200 cm.
Salón Nacional de Tapices 1978
 
Azucena Miralles
Velamen, puerto Santa María de los Buenos Aires,cuero retobo texturado, 140 x 195 cm.
Salón Nacional de Tapices 1979
María Sara Piñeiro
Diálogos de fondo, técnica mixta, 125 x 200 cm.
Salón Nacional de Artes Textil 1996
 
 

EL NUEVO ARTE TEXTIL

No tenemos la certeza, pero es muy probable que algún remoto antepasado vislumbrara el primer tejido al observar una telaraña. El paso al telar se demoró, por supuesto, pero estos nos han acompañado durante más de seis milenios. Las telas de la cultura Paracas, en lo que actualmente se llama Perú, exhibían tramas sólo comparables en sutileza con lo que en la misma época, hace más de dos mil años, se hacía en Egipto. En ambos casos, ciertas telas servían como mortajas: desde las tumbas, enviaban mensajes al más allá, una indicación del parentesco entre tela y texto.

Cuando Luis XIV hacía la ronda anual de sus castillos, los gobelinos lo acompañaban en esos desplazamientos y, durante su estadía, iban a cubrir las inmensas paredes palaciegas y desnudas. Ilustraban leyendas como, por ejemplo, La dama y el Unicornio. También aislaban ambientes a menudo gélidos. Al mismo tiempo, sus súbditos más humildes se protegían con ropa tosca fabricada en los telares de su pueblo. Muerto el rey, sobrevino la ilustración y la industria, con telares mecánicos programados con tarjetas inventadas por Joseph Marie Jacquard. Pero el arte textil sobrevivió, tanto en las exquisitas alfombras que se tejían en la meseta irania, como en los telares de artesanos en todos los continentes.

El art nouveau y casi todas las tendencias y estilos pictóricos siguientes, ya fueran inspirados en Mondrian o en Matisse, dejaron su impronta en el arte textil moderno. Hoy, la ruptura con la tradición se nota de un modo muy evidente: el tapiz, la obra de arte textil, ya no se exhibe sólo en una pared ni envuelve a los muertos. Invade otros espacios, a veces como una instalación, y las materias primas originales se han visto enriquecidas y reemplazadas por otros materiales como, por ejemplo, los metales, los plásticos, la madera o el vidrio.

La presente colección de Grandes Premios Nacionales de Arte Textil, del fondo de la colección del Palacio Nacional de las Artes, abarca treinta años e instruye, de un modo elocuente, sobre los cambios en el desarrollo de esta modalidad artística, que han tenido lugar en la Argentina y en el ámbito internacional. Tanto el texto como el contexto han variado, y el mensaje, también. Desde la estructura vertical, hecha con lana y fibra de vidrio, de Gracia Cutuli (1978), hasta el sutil Fibras de texto de Pablo Lehmann (2008), que usa papel calado impreso, y las puntas punzantes que surgen de las formas de Nora Correas (1988), se pueden observar los rasgos de esta ruptura radical.

Los veinticinco cubos formados con alambre de cobre, de Susana Rymberg (2004), despegados del suelo, ilustran con elocuencia el paso a una nueva concepción de lo que fuera meramente “Arte Textil”. Lo mismo ocurre con el marco de metal con elementos suspendidos sobre hilos en su interior, de Berta Teglio (2000), y la urdimbre con forma de proa, hecha de ramas, fibras vegetales e hilo que Matilde Algamiz exponía colgada de la pared (1992) da cuenta de una voluntad de irrupción en el espacio tridimensional que caracteriza a estos artistas. Los elementos de cuero retobo texturado, expuestos verticalmente sobre varillas, de Azucena Miralles (1979), confirman el parentesco con ciertas instalaciones.

Nuestras antiguas categorías, en este caso la que identificaba el tapiz como arte textil, se amplían y se rompen ante la influencia y confluencia de otras modalidades del arte visual. Se juega con nuevas técnicas que imponen conceptos nuevos. Nos esperan, tal vez, móviles que se reclaman a sí mismos como tapices y, seguramente dentro de poco, tejidos interactivos, donde el texto nunca quede fijado. A medida que crece nuestra experiencia, como un globo que se hincha, se agranda aun más la superficie que ésta presenta hacia el exterior, hacia lo desconocido.

Bengt Oldenburg